El turno de ser libre
Hoy fue uno de esos dias en que, de las dificultades gigantescas que se encuentran en nuestro camino, surge inesperada una leccion para no olvidar jamas.
Por circunstancias que no vale la pena lamentar, me toco crecer priorizando los sentimientos de otros antes que los mios. Aprendi entonces que para amar y ser amado, asi como para todas las otras cosas de la vida, habia que esforzarse mucho, sin importar si se recibia poquito o nada a cambio. Porque la realizacion estaba en dar, no en recibir.
Desde entonces, mi satisfaccion se volvio sinonimo de la de aquellos que me rodeaban. El cariño se convirtio en un premio que habia que ganar y merecer sobre la base del trabajo. Asi, nada podia ser mejor que querer a todos, pensar bien de todos, agradar a todos, y tratar de hacerlos felices. En esta etica extrema de sacrificio en el altar del afecto, habia tambien que disculparse a menudo, y de ser posible por adelantado, por todo sentimiento incomodo que causaramos en los demas. En consecuencia, ante la maledicencia y la envidia, habia que poner la otra mejilla siempre (aunque nuestra responsabilidad en el entuerto en cuestion fuera nula); y con humildad tolerar lo desagradable en silencio, sin pelear, sin enojarse, sin explotar - a lo mas, suspirando secretamente para que ante las adversidades operara algun dia la justicia divina (o en su defecto algun superheroe).
No me quiero pintar como una aprendiz de santa, pero para mi fortuna, y en base a decepciones y dolores, la vida me ha ido mostrando que esta estrategia de postergacion constante conlleva una enorme sensacion de vacio y frustracion. Primero, porque el cariño autentico es gratis. Se da cuando las almas se conectan de forma honesta: con eso es suficiente. Es el cariño malo (como cantaba Palmenia Pizarro) el que tiene un alto precio. Si la conexion entre las almas no existe, ni mil vidas dedicadas al projimo produciran esa chispa entre corazones que no quieren o no pueden compartir sus riquezas. Ciertos corazones del mundo, por cierto, no tienen nada para compartir, y por lo tanto es agotadoramente inutil buscarle la quinta pata al gato.
Segundo, porque la justicia divina esta reservada para la existencia celestial... y no para la que nos toca en este valle de lagrimas, como bien dice esa letania que rezan las abuelitas piadosas. En la vida diaria se necesita, no que aparezca una figura alada con su balanza y calculadora karmica a revisar la contabilidad espiritual del terricola para decidir si alcanza para el cielo - sino que uno tome esa balanza en sus manos, y que pueda juzgar cuando decir basta.... y con ello tomar uno mismo (y no la divina providencia) las riendas de su propio destino. Porque el sentido del propio respeto impide poner la otra mejilla cuando el otro se pasa de la raya de la convivencia civilizada; aunque ese otro nos sea muy querido o su cercania nos parezca muy imprescindible. Porque no hay necesidad de esperar a la resurrecion de la carne o a la proxima encarnacion para poner fin a nuestra miseria.
Y hoy tengo el orgullo de decir que por fin aprendi esta leccion. Que a partir de hoy no tendre la necesidad de poner mis sentimientos, legitimos, respetables, humanos, al final de la cola. Que con delicada firmeza puedo confrontar las conductas que no me parecen correctas, sin temor a las represalias de quien sea su autor. Que me debo a mi misma ser mas cuidadosa con la entrega de las llaves de mi afecto. Que no tengo que soportar en mistica resignacion lo que me parece injusto. Que puedo darme el lujo de enojarme tanto como sea preciso ante la maldad inmerecida, y que con eso no me he ganado las penas del infierno ni pongo en riesgo el amor o la amistad autenticos, porque esos estan para quedarse frente al temporal. Y que puedo por primera vez, preocuparme primero de mi propia felicidad sin sentir que constituye egoismo.
En el momento en que mas lo necesito, siento que ya no cargo esta mochila.
Hoy quiero celebrar con ustedes que, por fin, me llego mi turno de ser libre.
Por circunstancias que no vale la pena lamentar, me toco crecer priorizando los sentimientos de otros antes que los mios. Aprendi entonces que para amar y ser amado, asi como para todas las otras cosas de la vida, habia que esforzarse mucho, sin importar si se recibia poquito o nada a cambio. Porque la realizacion estaba en dar, no en recibir.
Desde entonces, mi satisfaccion se volvio sinonimo de la de aquellos que me rodeaban. El cariño se convirtio en un premio que habia que ganar y merecer sobre la base del trabajo. Asi, nada podia ser mejor que querer a todos, pensar bien de todos, agradar a todos, y tratar de hacerlos felices. En esta etica extrema de sacrificio en el altar del afecto, habia tambien que disculparse a menudo, y de ser posible por adelantado, por todo sentimiento incomodo que causaramos en los demas. En consecuencia, ante la maledicencia y la envidia, habia que poner la otra mejilla siempre (aunque nuestra responsabilidad en el entuerto en cuestion fuera nula); y con humildad tolerar lo desagradable en silencio, sin pelear, sin enojarse, sin explotar - a lo mas, suspirando secretamente para que ante las adversidades operara algun dia la justicia divina (o en su defecto algun superheroe).
No me quiero pintar como una aprendiz de santa, pero para mi fortuna, y en base a decepciones y dolores, la vida me ha ido mostrando que esta estrategia de postergacion constante conlleva una enorme sensacion de vacio y frustracion. Primero, porque el cariño autentico es gratis. Se da cuando las almas se conectan de forma honesta: con eso es suficiente. Es el cariño malo (como cantaba Palmenia Pizarro) el que tiene un alto precio. Si la conexion entre las almas no existe, ni mil vidas dedicadas al projimo produciran esa chispa entre corazones que no quieren o no pueden compartir sus riquezas. Ciertos corazones del mundo, por cierto, no tienen nada para compartir, y por lo tanto es agotadoramente inutil buscarle la quinta pata al gato.
Segundo, porque la justicia divina esta reservada para la existencia celestial... y no para la que nos toca en este valle de lagrimas, como bien dice esa letania que rezan las abuelitas piadosas. En la vida diaria se necesita, no que aparezca una figura alada con su balanza y calculadora karmica a revisar la contabilidad espiritual del terricola para decidir si alcanza para el cielo - sino que uno tome esa balanza en sus manos, y que pueda juzgar cuando decir basta.... y con ello tomar uno mismo (y no la divina providencia) las riendas de su propio destino. Porque el sentido del propio respeto impide poner la otra mejilla cuando el otro se pasa de la raya de la convivencia civilizada; aunque ese otro nos sea muy querido o su cercania nos parezca muy imprescindible. Porque no hay necesidad de esperar a la resurrecion de la carne o a la proxima encarnacion para poner fin a nuestra miseria.
Y hoy tengo el orgullo de decir que por fin aprendi esta leccion. Que a partir de hoy no tendre la necesidad de poner mis sentimientos, legitimos, respetables, humanos, al final de la cola. Que con delicada firmeza puedo confrontar las conductas que no me parecen correctas, sin temor a las represalias de quien sea su autor. Que me debo a mi misma ser mas cuidadosa con la entrega de las llaves de mi afecto. Que no tengo que soportar en mistica resignacion lo que me parece injusto. Que puedo darme el lujo de enojarme tanto como sea preciso ante la maldad inmerecida, y que con eso no me he ganado las penas del infierno ni pongo en riesgo el amor o la amistad autenticos, porque esos estan para quedarse frente al temporal. Y que puedo por primera vez, preocuparme primero de mi propia felicidad sin sentir que constituye egoismo.
En el momento en que mas lo necesito, siento que ya no cargo esta mochila.
Hoy quiero celebrar con ustedes que, por fin, me llego mi turno de ser libre.


6 Comments:
Creo que el "tener que quedar bien con todo el mundo" es algo bastante arraigado en ciertas culturas, sobre todo la chilena. Acá las cosas son diferentes. Si algo te parece mal, lo dices y punto. Como dice una amiga: entre los amigos uno puede decir lo que le molesta del otro y criticar. Aunque a ella a veces se le pasa la mano. Sin embargo, eso de evitar problemas nos termina perjudicando a nosotros mismos porque al final terminamos frustrados de no decir lo que pensamos. Además, todo depende de cómo se digan las cosas. Saludos
Querida Paz, muy sabias tus palabras y tu prosa, como de costumbre, sencilla y a la vez poderosa y refrescante.
Sin embargo, me permito una pequeña discrepancia: cuando uno ama y, precisamente por amor, a veces, incluso muchas veces, es necesario ceder, aunque uno tenga la razón. Porque como dice mi poeta favorito, en definitiva, "cedendo victor abibis" (cediendo saldrás vencedor)...
... excepto cuando uno cede todo el tiempo, querido Ovidio, y el otro se acostumbra a pasar la caballeria por encima. Porque entonces uno, claramente, pierde algo muy importante: el sentido del propio valor.
Paz,
Es complicado esto de las relaciones humanas, pero eso de andar pidiéndo perdón para que te den un poquito de afecto me recuerda a los quiltros de la calle, los que si llegan a pasarlo bien, es bastante pasajeramente.
Celebro la inaguración de tu nuevo ciclo vital, y sólo te diré: "¡¡A por ellos!!, hasta el final".
y qué es lo que ha pasado que te ha hecho entender esto??
Algo ha desatado este periplo de recuerdos y la consecuente libertad, verdad???
QUÉ??
:) ah??
uno siempre, siempre es el corcel de su vida, no hay que dejar nunca que alguien ate o pise... jamás.
besos
¡Pues celebro contigo, estimada!
(no tengo más que agregar, sólo que me gustó mucho cómo lo escribiste).
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